Bill Gates es uno de los hombres más ricos del planeta. Para llegar a ello, el fundador de Microsoft tuvo que trabajar muy duro, y esa dedicación la exigía a todos sus empleados, hasta el punto de que ejercía un control exhaustivo sobre ellos.

En una entrevista en la BBC de hace cuatro años, Gates reveló hasta qué punto estaba obsesionado por el trabajo: «Por aquel entonces era bastante extremo con el trabajo. Trabajaba los fines de semana. Realmente no creía en las vacaciones».

«Tuve que tener un poco de cuidado de no aplicar mis estándares a lo duro que trabajaban», dijo, y reveló lo que hacía para averiguar qué empleados trabajaban más y cuáles menos: «Me aprendí las matrículas de los coches de todos los empleados, así que podía mirar en el parking y ver cuándo entraba la gente y cuándo se iban».

Paul Allen, cofundador de Microsoft, confirmó en Vanity Fair esta práctica: «Microsoft era un entorno de mucho estrés porque Bill conducía a los demás tan duro como él mismo. Se estaba convirtiendo en el capataz que merodeaba por el parking los fines de semana para ver quién había llegado».

Allen cuenta el ejemplo de Bob Greenberg, un empleado que trabajó 81 horas en cuatro días para terminar un proyecto. «Hacia el final de la semana laboral, Gates le preguntó a Greenberg en qué estaría trabajando al día siguiente. Greenberg notificó a Gates que planeaba tomarse el día libre siguiente, a lo que Gates respondió: ‘¿Por qué querrías hacer eso?’ Gates no podía entenderlo. Nunca pareció necesitar recargar las pilas».

Por suerte para sus empleados, Gates ha cambiado. «Al final, tuve que relajarme cuando la empresa alcanzó un tamaño razonable», confesó.

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