COVID-19
La tos puede ser uno de los efectos prolongados del COVID-19

En muchos casos, enfermar de COVID no se limita a un evento agudo que pasa sin dejar consecuencias en el organismo. En el curso de la pandemia, los científicos han identificado más de 50 efectos que prevalecen durante meses

Con el incremento de los casos de COVID-19 en muchos países del mundo y una pandemia que se ha extendido por año y medio, los científicos continúan analizando las consecuencias de cursar la enfermedad y que pueden extenderse durante varios meses. Una investigación publicada en Nature encontró 55 secuelas que deja el COVID en el cuerpo a largo plazo; las siguientes son sólo 10 de ellas.

Las secuelas de COVID más comunes

El estudio realizado por varias universidades estadounidenses y mexicanas incluyó el análisis de la información de 47,910 pacientes entre 17 y 87 años de edad que enfermaron de COVID durante 2020. Los investigadores observaron síntomas que se observaron todavía entre 14 y 110 días después de la infección viral, en lo que se conoce como COVID prolongado.

Las 10 secuelas más comunes encontradas por la investigación señalan:

1. Fatiga (58%)
2. Dolor de cabeza (44%)
3. Trastorno de atención (27%)
4. Caída del cabello (25%)
5. Disnea o sensación de falta de aire (24%)
6. Pérdida del gusto (23%)
7. Pérdida de olfato (21%)

Y en un porcentaje menor:

8. Enfermedades pulmonares como tos, disminución de capacidad pulmonar o fibrosis pulmonar

9. Problemas cardiovasculares como arritmias y miocarditis.

10. Síntomas neurológicos como depresión, ansiedad o demencia.

COVID prolongado

Según esta pesquisa, un 80% de quienes han enfermado de COVID-19 continúan teniendo al menos una secuela más allá de dos semanas después de la infección aguda. “En total, 55 efectos, incluyendo los síntomas, signos y los parámetros de laboratorio, fueron identificados con fatiga, anosmia, disfunción pulmonar, rayos X anormales del pecho y los trastornos neurológicos como los más comunes”, en su mayoría con intensidad y sintomatología similar a la fase aguda de la enfermedad.

“Los síntomas, signos o parámetros clínicos anormales que persisten dos o más semanas después del inicio del COVID-19 y que no regresan a un valor inicial saludable pueden potencialmente considerarse efectos a largo plazo de la enfermedad”, escriben los autores de la investigación, quienes también señalan que estas secuelas se presentan principalmente en sobrevivientes de la enfermedad grave, aunque “los efectos duraderos también ocurren en individuos con una infección leve que no requirieron hospitalización”.

EDNY/JC

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