Por People en Español

Ya son doce años de matrimonio entre el padre Alberto y su esposa Ruhama, junto a sus hijos Christian, de 26 años; Camila y Alberto, de 10 y 8 años, respectivamente.

«Es un líder no solamente religioso, sino también en la casa. Él siempre ha sido muy buen papá, buen esposo, buen amigo», dice Ruhama Canellis, de 47 años, con quien Cutié se casó por el rito episcopal en un antiguo monasterio español en Miami.

Lo que comenzó como un amor prohibido hoy es un sólido matrimonio entre la guatemalteca y el padre Alberto, quien lidera la iglesia episcopal de St. Benedict’s en Plantation, FL, y que permite a los sacerdotes casarse y tener hijos.

Ruhama aún se conmueve al recordar ese lluvioso día de julio del 2009 en el que el amor de su vida, y hasta poco antes sacerdote católico, la llevó al altar para convertirla en su esposa.

«Fue muy intenso porque había muchas emociones encontradas», dice ella en referencia al día de su boda.

«Recuerdo que tenía un dolor de cabeza inmenso, casi me desmayo del dolor de cabeza y de los nervios. También recuerdo haber visto a mi esposo en el altar y es como haber estado en un cuento de hadas. A pesar de todo lo que estaba pasando, que mucha gente estaba a favor y mucha gente en contra, nosotros estábamos haciendo en nuestra mente y nuestro corazón lo que Dios realmente quería que hiciéramos, porque al final Dios es amor y nosotros nos amamos».

La salida del sacerdote de 51 años, de la Iglesia católica se dio luego de la publicación de unas fotos que mostraban a la pareja besándose en una playa de Miami y ponían en evidencia que Cutié había roto su celibato.

«El día que salieron las fotos fue para mí muy liberador poder decir: ‘Sí, estoy enamorado, esto pasó’», admite él.

«Todo fue en el tiempo de Dios. Para Ruhama la experiencia fue diferente porque Ruhama no era una persona pública y la empujaron a la luz pública antes de que ella estuviera lista».

Ruhama recuerda ser atacada por ser una mujer divorciada y madre soltera que habría seducido a un sacerdote.

«Realmente fue muy duro porque dijeron cosas que no eran verdad. Yo estaba pensando que me podían hasta matar, estaba sufriendo muchísimo porque no sabía qué podía pasar con mi hijo, que estaba en un colegio católico», confiesa sobre Christian, quien tenía 14 años cuando se casaron y a quien Cutié considera un hijo.

Si bien fueron el blanco de críticas y muchos pensaron que no durarían nada juntos, en estos 12 años su unión solo se ha fortalecido.

«No importa lo que la gente diga, lo importante es lo que Dios piensa de uno y él conoce nuestro corazón», resalta Ruhama. «Lo que quiero es llegar al cielo con mi familia y tratar de ser lo mejor posible».

Hoy el padre Alberto no quiere ni imaginar lo que sería su vida sin su esposa y sus hijos.

«Hubiese sido una vida incompleta», admite.

Tras once años alejado de las cámaras, el autor del libro Dilema —que hace años presentó el popular programa Padre Alberto y luego debutó en inglés con su show Father Albert— ha regresado a la televisión en Hablando claro con el Padre Alberto (Mega TV).

“Es un show que trata sobre los temas importantes para la comunidad en este momento difícil: tu familia, tu vida, tu matrimonio, tu trabajo. Trato de traer a los mejores expertos para tratar todos esos temas y lo veo como un show de autoayuda”, dijo el padre Alberto.

Otra parte de la entrevista con People en español:

Llevan 12 años ya casados, ¿qué nos pueden contar de su matrimonio?

PA: Cumplimos 12 años en junio.

Ruhama: Ahora estamos viendo cómo nuestros niños están creciendo, ayudando a la gente en la parroquia juntos y viendo cómo está la situación de la pandemia, que ha sido bastante duro en la iglesia para nosotros. Pero gracias a Dios estamos muy bien, muy contentos de que Alberto está otra vez en la televisión.

Ruhama, ¿cómo es estar casada con un sacerdote, un líder espiritual?, ¿cómo es él como esposo?

R: Es un líder no solamente religioso, sino también en la casa. Él siempre ha sido muy buen papá, buen esposo, buen amigo. Estoy muy contenta de estar casada con él y pasar la vida todos los días juntos y enseñándole a los niños el amor de Dios, que es lo más importante para nosotros en la casa.

Cuéntenme de sus hijos, de Alberto, de Camila, de Christian. Hablemos de ellos tres y su rutina juntos en casa.

R: Christian está estudiando producción de video y música y no puedo creer todavía que tiene 26 años. Cuando nos casamos tenía 14. Ahora Camila tiene 10, está en cuarto grado.

PA: Pero cree que tiene 15.

R: El niño, Albertico, tiene 8 años.

PA: Desde que amanecemos por la mañana estamos con los tres arriba de la escuela, los estudios, el trabajo. Christian pone su alarma para irse al trabajo. A los chiquitos les ponemos música, canciones de Dios para empezar el día. Les encanta «La montaña» de Roberto Carlos.

Desde que se despiertan nos preparamos para el día como todas las familias. Yo combino el trabajo de la casa con el trabajo de la iglesia. Después de dejarlos en el colegio, Ruhama y yo pasamos nuestro ratito juntos, desayunamos y a mí me toca irme a la televisión, a la parroquia. Es fascinante porque he pasado toda mi vida haciendo varias cosas a la vez. Ahora tengo la esposa, los hijos y también todo lo demás.

¿Te imaginas lo que hubiese sido tu vida sin tu esposa y tus hijos?

PA: Muy triste. Hubiese sido una vida incompleta. Suena como sacrilegio, pero lo voy a decir: Siempre he dicho que Dios me ha dado dos salvadores, Jesús y mi esposa, porque los dos me salvaron. En la vida hay que dejarse amar. Lo decía la Madre Teresa de Calcuta, el ser humano está llamado a amar y ser amado. A veces tú como cura, como cualquier otra profesión, das y das, pero en algún momento tienes que aprender a recibir. En mi familia he aprendido lo que es realmente el amor. Mi esposa y yo todo lo compartimos.

R: Dios quiere que la gente se sienta completa y feliz porque en realidad tenemos una sola vida.

PA: Uno con el tiempo aprende a ser más humano. En [mi programa de] Telemundo yo era un cura muy bien educado, muy bien formado, tenía muchas ideas de la vida, pero no tenía la experiencia que tengo ahora. Cuando a mí viene una pareja joven que se va a casar a hablarme, les puedo dar consejos de lo que aprendí en mi formación religiosa, pero también les puedo hablar de mi experiencia como un hombre casado. Ya son 12 años de casado y sé lo que es el compromiso del matrimonio. No me han contado, sino que lo sé. En la vida, nada reemplaza eso.

Como padre de tres hijos también puede dar muchos consejos…

PA: Uno da la vida por los hijos y hago por mis hijos cosas que nunca pensé en mi vida hacer. A mis hijos les encanta el agua fría, yo detesto el agua fría. Sacaron la sangre de Ruhama porque su padre es griego. A ella le gusta el Mediterráneo y el agua fría. Yo soy caribeño, pero si mis hijos se meten al agua fría, me meto con ellos porque los quiero y quiero estar con ellos.

Cuéntenos de momentos inolvidables que han vivido juntos, viajes. Vimos una foto de Ruhama montada en un camello…

PA: Llevamos a un grupo de gente a Tierra Santa, a Israel. Fuimos a Egipto como una conexión de ese viaje de Israel. Fuimos a la tierra donde Moisés subió a buscar los diez mandamientos, el monte Sinaí y esas fotos de Ruhama en el camello es cuando llegamos al final a las pirámides.

¿Ruhama, qué recuerdas del día de tu boda?

R: Fue muy intenso porque había muchas emociones encontradas y yo con los nervios. Recuerdo que tenía un dolor de cabeza inmenso, casi me desmayo del dolor de cabeza y de los nervios. También recuerdo haber visto a mi esposo en el altar y es como haber estado en un cuento de hadas. A pesar de todo lo que estaba pasando, que mucha gente estaba a favor y mucha gente en contra, nosotros estábamos haciendo en nuestra mente y nuestro corazón lo que Dios realmente quería que hiciéramos, porque al final Dios es amor y nosotros nos amamos.

¿Cómo vivió todo esto Christian, que ya era adolescente?, ¿cómo lo afectó toda la atención mediática sobre ustedes?

R: Él estaba muy contento de ver a su mamá feliz y lo tomó todo muy bien. Él aceptó muy bien a Alberto como parte de la familia, fuimos tres por poquito tiempo porque después quedé embarazada de Camila y éramos cuatro y ahora somos cinco, y con el perrito somos seis.

PA: A Christian yo lo puse de best man con mis mejores amigos y él lo asumió superbien. Él es muy maduro, desde que nos casamos. Me di cuenta hablando con él que tenía 14 años, pero a veces pensaba que estaba hablando con un hombre de 40. Es un muchacho muy maduro. Nosotros hemos disfrutado nuestra vida. Todo lo hacemos juntos. Ya el más grande se ha ido independizando más y más, hace sus cosas con sus amigos, pero con los chiquitos ha sido muy buen hermano. Se ocupa mucho de Camila, de Albertico y las cosas que hacen. Camila toca el piano como si fuera una concertista de piano. Albertico igual, le encanta el baile y la música. Le toco música mía, de viejo, y él sabe quiénes son los cantantes: si es Frank Sinatra, si es Michael Jackson, si es Madonna. Los dos son muy especiales, ya veremos cuando sean grandes qué decidirán con sus vidas. Nos sentimos muy bendecidos con ellos. Nuestra energía se enfoca mucho en ellos.

Cuando piensan en esas famosas fotos en las playas, de esos paparazzi que cambiaron sus vidas completamente, ¿se imaginaron un final feliz en ese momento?

PA: Para mí esas fotos son como el Antiguo Testamento [ríe]: pasó hace mucho tiempo. Para los dos fue una gran sorpresa lo de las fotos. Todo pasa por alguna razón. Ruhama lo sabe. Ya yo decía: ‘No se sorprendan que estoy enamorado, me voy a casar, voy a ser cura episcopal’. Me miraban y me decían: ‘¿Alberto estás jugando?’. Porque no creían que era posible. Y cuando a mí me llamaron de TV y Novelas la noche antes, como cinco horas antes, ya estaba en la imprenta la revista, les dije: ‘Sí, estoy enamorado, voy a ser cura anglicano’. Para un latino ¿qué es un anglicano, que es un episcopal? Los latinos no conocen ninguna otra iglesia que no sea la Iglesia romana. Entonces decirles que vas a ser cura, pero en una denominación en donde el cura se puede casar, es como que no entienden que existen curas fuera de la Iglesia romana.

¿Cómo ha sido adaptarse a la Iglesia episcopal?

PA: En parte es un nuevo camino y en parte es un antiguo camino porque la Iglesia episcopal es católica y es apostólica. No es romana, pero tiene las mismas tradiciones, la misma cultura que crees en los santos, la Semana Santa, la liturgia, la misa. El cambio realmente no ha sido religioso. Una de las grandes mentiras que han reportado los medios es que el padre Alberto cambió de religión. No, yo no cambié de religión; la religión es la misma de siempre, el credo es el mismo. Lo que cambió fue la Iglesia. Es un cambio de geografía, no de ideología.

¿Qué cambios crees que debe hacer la Iglesia católica? Ha sido criticada últimamente por no aceptar los matrimonios gay. ¿Qué evolución crees que tiene que hacer?

PA: Te digo la verdad, con el corazón en la mano, no opino sobre lo que hace o no hace la Iglesia romana desde hace muchos años. Escribí un libro donde dije toda mi verdad y a algunos les cayó muy bien y algunos les cayó muy mal. Algunos dijeron que era un cura quejándose del lugar que dejó y lo único que hice en ese libro fue hablar de mi historia. De hecho, hablé muchas cosas buenas de la Iglesia católica romana porque ahí fui bautizado. No tengo ningún resentimiento, ningún problema. De hecho, tengo muchos amigos curas y cardenales que son católicos romanos y los quiero igual que siempre y me han demostrado que me quieren igual que siempre. Yo hice mi historia sobre la verdad que viví. Le tengo respeto a la Iglesia, pero prefiero no opinar sobre lo bueno o lo malo que esté pasando allí.

¿Qué fue lo más difícil de ese momento en que decidieron vivir su historia de amor en la luz pública?

PA: Peor es vivir escondido o sin poder salir abiertamente y decir: ‘Yo amo a esta persona. Nos amamos y nos queremos’. Fue para mí muy liberador. El día que salieron las fotos fue para mí muy liberador poder decir: ‘Sí, estoy enamorado, esto pasó’. Cuando hablo con Univision, con Teresa Rodríguez en su entrevista, con las declaraciones que di, mucha gente se quedó en shock. Dije abiertamente lo que sentía, no escondí nada. Estaba preparándome para ya salir y decir todo, y mi obispo ya estaba preparado. La verdad es que los dos obispos de ambos lados estaban preparados. La Iglesia romana dijo que yo no había dicho nada, pero eso realmente no fue verdad. Hablé con varias personas abiertamente, mis hermanos sacerdotes lo sabían. Era una situación que no se decía abiertamente en el público, quizás porque era una persona tan pública y ya estaba en camino cuando salieron las famosas fotos. Todo fue en el tiempo de Dios. Para Ruhama la experiencia fue diferente porque Ruhama no era una persona pública y la empujaron a la luz pública antes de que ella estuviera lista para hacerlo.

R: Realmente fue muy duro, porque dijeron cosas que no eran verdad y la gente estaba pensando cosas. Yo estaba pensando que me podían hasta matar, yo estaba sufriendo muchísimo porque no sabía que podía pasar con mi hijo, que estaba en un colegio católico. Realmente fue muy duro, pero no fue tan malo como nosotros pensamos porque en la calle mucha gente nos decía: ‘Felicitaciones, estamos con ustedes’. Lo negativo fue más que nada las cosas que dijeron en televisión, pero en la calle la gente siempre nos recibió con mucho cariño, mucho amor.

Ruhama, de todas esas críticas que recibiste en ese momento ¿qué fue lo que más te dolió como mujer, como madre?

R: No me gustaban las mentiras, tantas cosas que dijeron ya ni me recuerdo.

PA: Novios que te inventaron.

R: La cantidad de novios que me inventaron que yo ni conocía. Cuando dijeron: ‘Mira a Ruhama abrazando a dos hombres’, y yo decía: ‘¡Qué barbaridad si ellos dos son mis hermanos!’. La gente no sabía y se imaginaba cosas horribles de mí. Lo más difícil fue lo que mi hijito pobrecito tenía que sufrir escuchando lo que hablaban de su mamá cuando yo a él siempre le hablé del amor y de las cosas buenas; él nunca se imaginó que iban a hablar así.

PA: Pero él lo tomó muy bien, Christian lo asumió todo muy bien.

Dices que sentiste miedo Ruhama, ¿recibiste amenazas?

R: No, era todo en la cabeza mía.

PA: Bueno, no era todo en la cabeza. Durante meses los paparazzi estaban esperándonos afuera de la casa. Nosotros no íbamos a ningún lugar sin cinco o seis paparazzi que nos seguían. Un [paparazzo] un día regresó a la oficina, a la iglesia y me dijo: ‘Ay padre, quiero agradecerle. Lo he seguido durante todo este tiempo y veo que usted y su esposa van a rezar con la gente a la funeraria, van al hospital y sé todo lo que usted hace todos los días’. Ya en Miami hay menos paparazzi, pero en esa época —estábamos hablando hace 12 años— ese era el pan nuestro de cada día. Cuando Ruhama se embaraza de Camila, después de misa los paparazzi iban a ver la pancita. Después con Albertico fueron al hospital, teníamos que tener cuidado porque se ponían afuera a esperar que saliéramos del hospital. Le cambiaron el nombre de Ruhama para que no supieran que estábamos ahí.

¿Cómo han logrado tener hoy una vida normal ya alejados de las cámaras?

R: Yo le he dicho a Alberto: ‘No importa lo que la gente diga, lo importante es lo que Dios piensa de uno y él conoce nuestro corazón’. Lo más importante es lo que Dios piensa de nosotros, pero al final de aquí todos nos vamos a ir. Lo que quiero es llegar al cielo con mi familia y tratar de ser lo mejor posible. El hecho de que estemos juntos ha sido una bendición muy grande porque estamos sirviendo juntos al Señor, a nuestro Dios. Hemos estado ayudando a las parejas, tenemos un culto de matrimonio, pero lo hemos parado por el coronavirus porque es un grupo de 12 parejas que tienen que estar juntos.

«No importa lo que la gente diga, lo importante es lo que Dios piensa de uno y él conoce nuestro corazón»

—RUHAMA CUTIÉ

PA: Ruhama también viaja a Honduras. Tenemos un orfelinato de niñas en Honduras que apoyamos mucho y Ruhama ha ido con las esposas y los esposos de otros sacerdotes y reverendas que van allá y ellos se encargan de crear un buen ambiente para esas niñas que no tienen hogar. El trabajo de Ruhama, ella no lo dice, pero el trabajo de la esposa de un sacerdote no se acaba. Hay gente en mi parroquia que en vez de llamarme a mí, la llaman a ella. Le ha tocado hablar con la gente, dar un consejo. Aunque a ella no le pagan para ser el sacerdote de la parroquia, ella apoya mucho a la gente. Hay gente que se siente incluso más cercanos a ella, la quieren mucho y eso es algo muy lindo.

¿Qué piensan sus hijos de la historia de amor de ambos?

R: Nosotros hablamos con ellos y lo que no entienden es cómo puede ser que no se pueden casar. Ellos nos conocieron ya nosotros casados

PA: A veces vienen aquí sacerdotes apostólicos y romanos que los invitamos a almorzar con nosotros y compartir, y le preguntan: ‘¿Por qué tú no tienes esposa, por qué no tienes novia?’ [ríe]. Para ellos es normal. Ellos han visto toda su vida en la Iglesia episcopal que el sacerdote tiene a su esposa y para ellos es completamente normal que tenga esposa, hijos y familia. Para ellos no existe otro paradigma.

¿Qué los enamoró el uno del otro y qué los ha mantenido unidos?

PA: [ríe] Contesta tú, mami.

R: Su mirada, sus ojos azules [ríe]. No, el amor a Dios.

PA: A mí me enamoró de ella su sencillez y su forma tan sincera de ser, tan auténtica. Ella es completamente única, es especial. Mi esposa es un poco artista, un poco doctora porque sabe muchísimo de medicina natural. Tiene certificados y mucha credibilidad; ayuda a todo el mundo en la parroquia que le dice: ‘Tengo un dolor aquí’, ella le dice: ‘Toma tal cosa’. Todo lo que comemos es orgánico y saludable porque conoce profundamente de esas cosas. Creo que al crecer en Guatemala de un padre griego tiene una mezcla cultural que siempre me ha gustado mucho su forma de ser. Tiene un poco de europeo y de latinoamericano todo en una sola persona. Es muy centroamericana y los sábados hacemos un desayuno cubano-chapino [guatemalteco]. Comemos pan cubano y les hago un revoltillo de huevo con queso a los niños que les encanta. El que venga se lo tiene que comer y decir que les gusta porque si no me pongo bravo [ríe]. Ruhama hace los frijoles, comemos papaya, fruta, un poquito de bacon, quesos latinos. Mezclamos lo americano, lo cubano y lo chapino.

Padre, ya sabemos que cocinas y fuiste DJ cuando jovencito, ¿qué otras cosas la gente no se imaginaría de ti? ¿Tienen algún mensaje final?

PA: Sigo siendo DJ porque me encanta la música.

R: Estamos haciendo las cosas siempre guiados en el nombre de Jesús, haciendo lo mejor que podamos y para adelante.

PA: Hay que seguir el camino de Dios. No hay mal que por bien no venga. Dios me ha enseñado que en todos los problemas y las dificultades, y las altas y bajas de la vida, siempre hay un nuevo comienzo. Este regreso a la televisión es un nuevo comienzo para ayudar a la gente. Me siento muy halagado de que un gran número de personas en estos 11 años de ausencia de la televisión me han dicho: ‘¿Cuándo regresa?’ Ya puedo decirles: ‘Ahora en el 2021, ya regresamos, aquí estoy’. Me han ofrecido mudarme a Nueva York, a Los Ángeles, hacer esto y lo otro, y le decía a Ruhama: ‘Mi amor, cuando la oferta que le convenga a nuestra familia y nuestra vida, mi vida como cura de parroquia, cuando eso sea una cosa que compagine con lo primordial en nuestra vida que es la familia, entonces lo haremos’. Y llegó el momento.

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