Por Arturo Martínez Moya

El envío de dinero de los dominicanos en el exterior es parte esencial de la economía, y de la economía familiar. El informe del Banco Central de la semana pasada aportó la novedad de que la cifra marcó récord en 2020, aumentó 16% interanual, hasta US$8,289.3 millones.

Representó 10.5% del PIB nominal en dólares, que por la pandemia y cierre obligado de las actividades económicas se redujo de US$89 mil millones en 2019 a US$78,700 millones en 2020.

Superó tres veces la inversión extranjera directa (US$2,554.3 millones) y 76% de las reservas internacionales que registraron un nivel histórico (US$10,750 millones)
Los Estados Unidos, a donde llegan la mayoría de los migrantes dominicanos, tuvo mucho que ver con el inesperado repunte de los envíos de dinero al país, los desempleados por la crisis sanitaria se beneficiaron de la asistencia financiera del Gobierno y están entre los que recuperan los puestos de trabajo.

Con los ingresos, no solo mantuvieron las remesasen los peores momentos de la crisis sanitaria y económica, sino que, además, aumentaron el volumen, preservando los Estados Unidos la condición de fuente principal de los envíos al país, el 82.7% de ellas provienen del norte, seis puntos porcentuales más que en 2019.

Son fundamentales para la economía de las familias, para mostrarlo asumo que en su totalidad las remesas se destinaron al consumo. Si en 2012representaron 34% del monto que en las cuentas nacionales se registra como consumo privado, el porcentaje aumentó a 60% en 2020.Proporcionaron sustento a miles de familias que viven principalmente en las zonas rurales, pudieron capear mejor los peores momentos de los dolorosos efectos de la crisis sanitaria y económica. Dispusieron de mucho más dinero para gastar, para aumentar su consumo, lo que impacto la economía del país.

El comportamiento positivo de las remesas en 2020 tiene otra explicación, me refiero a la política monetaria, se preocupa por abaratarlas y se mantiene atenta para no permitir distorsiones que alteren su normal funcionamiento. Por ello controla y vigila los cargos por recibir o retirar transferencias, facilita el acceso de los trabajadores migrantes a servicios como depósitos y créditos bancarios en el país, y en cuanto a sus familiares, a los servicios financieros básicos, principalmente en las zonas rurales.

Lo digo de otra manera, la política monetaria protege el ahorro de los trabajadores dominicanos en el exterior, que cuando es necesario piden prestado para completar los envíos dinero a sus familiares. Se mantiene atenta para que el ahorro-remesan o sea penalizado, como lo hace con las transacciones financieras en general, evitando, como lo pensó James Tobin, Premio Nobel de Economía, que los flujos se resientan.

Lo anterior viene a cuento porque, sin importar la tasa, si se aplica un impuesto ad-valorem, de incurrirse en semejante error, además de encarecer los envíos de dinero, reduciría el volumen y ritmo de crecimiento. Sería un clásico impuesto regresivo que aumentaría la pobreza en el país, lo estarían pagando familias pobres y muy pobres que con ansiedad esperan los envíos, lo que es totalmente contrario al pensamiento del presidente Luis Abinader y de la línea que sigue el Gobierno. (Hoy)

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